miércoles, 27 de abril de 2016

Teatro intergeneracional en la Residencia CAI Ozanam Oliver con el Centro de Tiempo Libre “Gamusinos”

Hace cuatro años que llevo como voluntaria en la Residencia y Centro de Día CAI-Ozanam Oliver, siendo la responsable de un gran grupo de teatro, compuesto en su totalidad por personas residentes en la misma, que cada año nos han venido ofreciendo diferentes actuaciones para todo tipo de público. Desde que comencé, todas las personas de la residencia se han volcado para que esta actividad salga adelante, tanto personal del centro como residentes, que hacen que esta actividad nos haga disfrutar y crecer día a día. 

La andadura de estas actrices y actores comenzó en la Navidad del 2012, con una obra de teatro leído en la que se representaba la historia de un Belén de figuritas en el que el niño Jesús había desaparecido. Ésta, se podría decir que ha sido una de las obras más importantes para todas las personas que componemos el grupo, la recordamos con mucho cariño porque, muchas de ellas, era la primera vez que salían a un escenario a actuar.



Posteriormente, fueron sucediéndose las representaciones, cada vez mejores, con mayor seguridad y disfrutando aún más en el escenario. Nos atrevimos a reinterpretar escenas de “Tres sombreros de copa” del escritor Miguel Mihura, sin ningún soporte, frente a un numeroso público.

A partir de esa primera actuación más profesional, comenzamos a escribir las obras grupalmente con el objetivo de representar nuestras propias ideas, haciendo hueco a la improvisación, que tan importante es en el mundo teatral. Este gran paso, conllevó que nuestro grupo fuese más estable y pudiéramos ofrecer actuaciones para diferente tipo de público.
Seguimos actuando para el público general: familias, residentes y amigos aplaudían sin cesar obra tras obra al ver cómo sus familiares y amigos representaban: “Una nochevieja diferente”, escenas cómicas de variedades, “Arte moderno”, o su obra más reciente: “No son rumores, en nuestra comunidad hay ladrones”, en la que uno de ellos había robado una caja fuerte de su comunidad y entre las personas habitantes del edificio debían resolver el misterio.

Pero también nos abrimos a otro tipo de público: a la infancia. Crear y llevar a cabo una obra para niños y niñas conlleva una dificultad añadida, la creación concreta de un texto e interpretación enfocada, ya no a un público general, sino a la inocencia infantil y al sentido del humor propio de estas edades.

Comenzamos a crear obras para niños, niñas y adolescentes que, durante estos cuatro años, han venido a la Residencia a compartir momentos inolvidables. Para este público tan especial, les ofrecimos obras como una versión de “La Cenicienta” en la que pretendimos inculcar unos valores diferentes a los de la historia original: la protagonista no necesitaba un príncipe, sino un cambio en su vida que la hiciera salir de casa de su madrastra. 

De igual manera, el año pasado, compartimos momentos muy bonitos con los niños y niñas del Centro de Tiempo Libre “Gamusinos” ante los que cantamos canciones de la infancia, al mismo tiempo que los niños y niñas compartían cuentos originales en un espacio intergeneracional. 

El último éxito de nuestro grupo de teatro ha sido precisamente un intercambio con estos niños y niñas de “Gamusinos”, que volvieron a visitarnos hace unos días y les ofrecimos un cuento diferente a lo que estaban habituados a ver, titulado: “Erase una vez, un cuento al revés”.

En esta actividad intergeneracional, comenzamos representando un cuento en el que aparecían todos los personajes infantiles que los niños y niñas reconocieron al instante. Juntos, debían resolver el problema que se les presentaba. Los niños se metieron en la trama de la obra desde el primer momento y algunos ni pestañearon ante las garras del malvado lobo. Juntos, los 45 niños y otros tantos mayores participantes en la obra resolvieron el misterio y pudieron respirar tranquilos.

En la segunda parte de la actividad, los “gamusinos” representaron dos obras. En la primera de ellas, los más pequeños nos dieron su particular versión del cuento de “Los tres cerditos”. Con su inocencia y desparpajo sacaron la sonrisa de todo el salón de actos. Lo mismo ocurrió con la segunda actuación, en la que compartieron con nosotros los problemas de una peculiar princesa que no quería casarse por compromiso.

Fue una jornada muy educativa y divertida para todas las edades, en la que tanto mayores como pequeños demostraron que cualquier edad es buena para disfrutar con el teatro.



Ana García
Voluntaria responsable del taller de teatro de la residencia CAI Ozanam Oliver

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