sábado, 28 de febrero de 2015

Música que da vida...

Ni un alfiler hubiera cabido ayer en el salón de actos de la Residencia CAI-Ozanam Oliver. La sala al completo, incluida la zona reservada para el culto religioso, se llenó de público. Todos los residentes quisieron compartir esta tarde de música tan especial.


17 miembros de la Banda de Música del Centro Cívico San Blas, bajo la batuta del director Don León Casanova, interpretaron habaneras, canciones populares, pasodobles y tangos.
La Banda lleva más de 20 años tocando y tal y como nos contaban “Actuar en esta residencia y para este público es muy especial para nosotros. Sabemos que ellos lo agradecen y nosotros hacemos lo que más nos gusta, interpretar música. Sin duda es un momento muy bonito”.

Pero no piensen que los residentes sólo escuchaban no, nada más lejos de la realidad. Loren Picazo de 92 años y Nieves Molinuevo de 83 años bailaron varias piezas de tango, en compañía de su profesor de baile Juan Molina. "Nos gusta bailar, nos sentimos muy bien haciéndolo y poder bailar esta tarde con nuestro profesor, con la música de la banda en directo y con todos nuestros compañeros es maravilloso" decían emocionadas Loren y Nieves.

Su gracia y su destreza al bailar despertaron el aplauso de todos sus compañeros de residencia.

                         

                
Uno de los momentos más especiales de la tarde fue cuando la banda de San Blas tocó y cantó el tango compuesto por Miguel Guillen, residente de 71 años, amante de la literatura y escritor de relatos cortos, poesías y ahora también, letras de canciones. El tango, titulado “Damas atractivas” está inspirado en Loren y Nieves “escribí esta letra para mis compañeras, sé que a ellas les gusta mucho bailar tangos” decía Miguel muy emocionado al escuchar su obra.


José Luís Serrano, miembro de la Banda de San Blas y experimentado compositor de música, ha sido el encargado de darle vida a la letra de Miguel, a través de notas musicales.

Música, sonrisas, plausos y felicidad de residentes, trabajadores y familias que no perdieron la oportunidad de bailar entre sí, de fotografiar y grabar con sus móviles y cámaras las sonrisas de una tarde mágica en Oliver.

La música da vida.

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