lunes, 26 de enero de 2015

Mi experiencia como voluntaria

Empecé con el voluntariado porque quería dedicar parte de mi tiempo libre hacer alguna actividad relacionada con personas mayores, pienso que  debido a mi experiencia familiar.

Me informaron en la Fundación y salí de allí con  las ideas muy claras, quería aportar algo de mí, y encima podía hacerlo. Me interesaba el contacto con personas mayores en general, y en especial  con las que estaban allí por decisión de sus familiares y no por su propia voluntad, me parecía una situación difícil,  aunque el ambiente del día a día de sus trabajadoras no puede ser más acogedor, servicial, de cariño, mucha paciencia, comprensión y una buena dosis de humildad.



El primer día de mi llegada fui acogida con cercanía y naturalidad, me causó muy buena impresión. Me fueron presentando a los residentes como la nueva voluntaria, yo para ellos era una desconocida y ellos para mí el objetivo de mi compromiso.
Mi compromiso era y es, prestar un servicio de acuerdo con las necesidades que cada una/o demande, hablar, escuchar mil veces lo mismo, pasear por el interior de la Residencia o salir a tomar el sol cuando hace bueno, acompañarles a las consultas médicas y de paso tomar un café.

En resumen, sólo consiste en ser un poco empática, y ponerse en el lugar de la otra persona  y todo fluye con naturalidad y cariño.

Recomiendo a todas las personas que aún estén indecisas, experimenten  lo gratificante que es que te dejen participar de sus preocupaciones, comentarios, cotilleos y poder darles respuestas aunque a veces no agradan, pero estas allí.  Nosotros ahora ya somos amigos.


          Marisa, voluntaria en la Residencia Ozanam  San Antonio de Padua



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