martes, 23 de diciembre de 2014

Servicio de Ayuda a Domicilio

El buen trato que  dispensaron  los auxiliares  de enfermería que atendieron a mi padre en la última etapa de su enfermedad, es una de las cosas que recuerdo con gratitud del tiempo que pasó en el hospital. 
En una de esas horas, en las que la mente vuela mientras estás pendiente del enfermo me descubrí imaginándome enfundado en el uniforme del hospital, atendiendo a los pacientes, prestándoles apoyo y cuidados.  La idea se quedó ahí, adormecida pero presente. Por eso, cuando poco tiempo después perdí mi trabajo y tuve que plantearme de qué forma podría reinventar mi vida, decidí estudiar el grado medio de Auxiliar de enfermería compaginándolo con un curso de Asistencia a domicilio impartido por la Fundación Federico Ozanam.



Mi decisión resultó ser la acertada. Poco a poco descubrí cómo aplicar la psicología, las técnicas del hogar y de enfermería para poder atender de la mejor forma posible a las personas dependientes. Realicé las prácticas en una residencia de Ozanam y en esa misma residencia encontré empleo. No me ha faltado desde entonces.
Desde hace tiempo trabajo como auxiliar en el Servicio de Asistencia a Domicilio (SAD) de Ozanam y eso me llena plenamente.  Ayudar a los demás me hace sentir feliz y poder lograr que los usuarios del SAD tengan con mis cuidados una mujer calidad de vida en su situación de dependencia  me alegra el día a día.
Gracias a Ozanam no sólo he logrado trabajo, un gran ambiente de compañerismo y una formación de calidad, sino que también he descubierto mi vocación.
Estoy muy agradecido y orgulloso de sentirme, como yo digo, un “Chico Ozanam” porque la fundación, por encima de todo, es como una gran familia que se preocupa de cuidar tanto a los que requieren de sus servicios como a sus trabajadores.


Abraham Marín Carnicer, Auxiliar de Ayuda a Domicilio 

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