martes, 15 de julio de 2014

Teatro y voluntariado con personas mayores

Mi experiencia como voluntaria en la Fundación Federico Ozanam comenzó en el año 2012, en el que encontré un anuncio en el Cipaj demandando voluntarios/as para la realización de una actividad de teatro. Contesté al mensaje y me acerqué por primera vez a la Residencia CAI Ozanam Oliver. Allí todos me recibieron con los brazos abiertos, tanto residentes como trabajadoras y desde ese día comenzamos nuestra aventura teatral.

Ese primer año realizamos una obra de teatro leído en el que participaron un total de 28 residentes y fue toda una experiencia. Representamos un cuento de navidad: la historia de un belén en el que desaparecía el niño Jesús y todos juntos tenían que buscarlo. Fue muy enriquecedor tanto para mi, a nivel personal, como para ellos y ellas, porque nunca habían participado en una actividad semejante.

La siguiente obra consistió en una escena de "Tres sombreros de copa" de Miguel Mihura, que convertimos todos juntos en nuestras propias "escenas de variedades". El grupo, en esta ocasión, era más pequeño y fue posible que actúasen sin papel. Al principio, parecía imposible y todos teníamos miedo de olvidar alguna parte, pero finalmente nos sentimos muy orgullosos del resultado porque fue todo un éxito.


Nuestra tercera representación, hace tan sólo unos días consistió en cambiar un cuento de toda la vida: La Cenicienta, dándole nuestro toque más moderno e irónico, compartiéndolo con un grupo de estudiantes del Colegio Compañía de María (han realizado voluntariado dentro de su actividad social del colegio) que quedaron maravillados con las actrices. En esta ocasión, nos servimos de la improvisación creando un ambiente más cercano con el público.


Y tras esta trayectoria, el viernes 11 de julio volvimos a actuar de nuevo, con más energías que nunca y gente nueva en el grupo de teatro. Fue una obra que no dejó a nadie indiferente y en la que tratamos temas como la excentricidad de algunos artistas, el motivo por el que la gente acude a los museos o por qué nos gusta tanto la música. Los y las residentes lo dieron todo y fue otro gran éxito de nuestros artistas. ¡Geniales! 


A mi personalmente, la labor que realizo cada lunes me hace disfrutar, tanto por el contacto con ellos como por el progreso que he ido observando a lo largo del tiempo, la seguridad que han ido adquiriendo y la relación que establecen entre ellos. Es muy enriquecedor porque no sólo aprenden teatro sino que yo aprendo con ellos.

Ana García
Voluntaria del taller de teatro de la residencia CAI Ozanam Oliver

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