jueves, 4 de julio de 2013

Magia entre niños y mayores...primeras colonias intergeneracionales

Muchas veces hemos observado la transformación que se produce en las caras de las personas mayores cuando están en contacto con los niños que vienen a vernos: colegios que nos entretienen con actuaciones, grupos de voluntarios que nos echan una mano, visitas de familiares de residentes que vienen con sus hijos o nietos…

Intuíamos que algo mágico ocurría cuando niños y mayores se relacionaban y quisimos probar con una experiencia que se alargara un poco más en el tiempo.

Siendo la Fundación una entidad con experiencia en el campo del ocio educativo no fue difícil contar con la ayuda de especialistas en esta materia. Propusimos la idea a familiares de residentes y trabajadores de la Fundación y aunque ninguno sabíamos muy bien cuales iban a ser los resultados enseguida la acogieron como algo que podría ser positivo para sus hijos. Las trabajadoras del Área de Mayores vieron la oportunidad de que sus hijos vivieran en primera persona lo que a ellas les hace seguir cuidando a los mayores con el mismo cariño que el primer día.

Es así como nace la idea de organizar las primeras Colonias Intergeneracionales en un centro Ozanam.


Ha sido una semana corta pero muy intensa. Todas las mañanas nos hemos dado los buenos días mutuamente, amenizando el momento con canciones y bailes que los niños preparaban para los mayores. Hemos salido de excursión al parque y los mayores han ejercido de “abuelos adoptivos” de los niños acompañándolos, junto a los monitores, jugando al fútbol, ayudándoles en los columpios… 

Hemos participado en talleres conjuntos de multitud de actividades: cocina, disfraces, música, huerto, manualidades… Hemos hecho ejercicio físico jugando al aire libre, participando en juegos tradicionales, haciendo gimnasia. Y también hemos tenido algún momento (pocos) de relax, viendo una peli, haciendo relajación, escuchando a un cuentacuentos…

Los resultados han desbordado toda expectativa, se han creado lazos personales muy fuertes, con promesa de volver a visitarse, e incluso nos hemos encontrado con la mejora del estado físico y emocional de algunos residentes. 


Los niños han aprendido a ver a los mayores como personas que tienen mucho que ofrecer, a pesar de sus limitaciones, y aunque algunos jugaban mucho con ellos y otros estaban un poco “malitos” todos recordarán esta experiencia como unos días de fiesta en los que la rutina del centro se ha visto animada con pequeños que ríen, gritan y corren como ellos hacían en un tiempo no tan lejano…

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