miércoles, 31 de octubre de 2012

Enrique Santamaría: "estar al frente de Ozanam refuerza mis creencias e ideales"



Enrique Santamaría es un hombre de aspecto serio y de trato muy afable, cercano y cordial. Una persona que transmite serenidad. Seguramente debido a que, a su naturaleza se suma la gran experiencia y conocimientos que ha acumulado a lo largo de su vida. De mirada transparente, cuando habla cautiva porque con su argumentación siempre consigue despertar y mantener el interés de su interlocutor.
Actualmente Enrique es el presidente de la Fundación Federico Ozanam. Cargo que lleva con rigor, eficacia y mucha, mucha elegancia.

Enrique, nos gustaría saber cómo llegó a la Fundación y hasta su actual cargo.
Yo había sido director de Gay, centro comercial, conocía la Fundación a través de mi esposa que lleva 20 años como voluntaria del Rastrillo y porque era amigo de Manolo Sangüesa, entonces presidente de las Conferencias de San Vicente de Paul,  institución impulsora del Rastrillo, que luego se transformó en la Fundación Federico Ozanam. También tengo un amigo, Raúl Blanco,  que formaba parte del patronato y, cuando la Fundación se hizo cargo del desarrollo de un proyecto para la creación de microempresas, buscaron a alguien que no estuviera vinculado con la Fundación, que entendiera del tema y pudiera formar parte de la comisión de evaluación de los proyectos. Entonces fue cuando me llamaron.
Luego me ofrecieron formar parte del patronato, posteriormente fui tesorero y, finalmente, cuando Ricardo López Cuesta dejó su cargo de presidente en 2005, relevarlo fue realmente un honor.
Estamos en fechas de Rastrillo y usted conoce bien este gran evento ¿puede darnos su visión personal?
Lo cierto es que hace años la imagen del Rastrillo era muy diferente. Se trataba de una acción que se llevaba con mucha ilusión, con gran trabajo, todo estaba basado en mucho esfuerzo personal. Imagínate, el Rastrillo se llegó a montar en “la chimenea” en el Actur, con todas las dificultades que eso conllevaba, sin olvidar el frío que pasaban las voluntarias  durante los diez días.
Posteriormente se fue profesionalizando, se ampliaron los stands, empezamos a traer cosas nuevas, y poco a poco se fue dotando  de un sistema de organización más fuerte. Ahora mismo, la Fundación tiene dos naves que se dedican íntegramente al Rastrillo y personas, además de las voluntarias, dedicadas íntegramente.
Cuando hace un tiempo presentaron la memoria de la Fundación, nos llamó la atención que ustedes hacían frente a los recortes con fondos propios y del Rastrillo Aragón, para no dejar de ayudar a quienes lo necesitan.
Sí, hasta hace dos años, los fondos del Rastrillo se destinaban a residencias ahora, tras los recortes en formación y empleo, hemos decidido que es importante mantener e incluso reforzar estos servicios. Por ejemplo, en breve vamos a trasladar la sede de la Fundación y los locales que dejamos van a servir para que se ubique allí la agencia de colocación para atender en un espacio más adecuado a los desempleados. Porque, pese a la situación actual, hay opciones de encontrar puestos de trabajo.
Otra parte importante de lo que se recauda con el Rastrillo va destinado a becas para aquellas personas mayores que necesitan residencia y no tienen recursos. Esto lo hacemos analizando cada caso con mucho rigor. Siempre que los hijos cuentan con recursos, deben colaborar. Tiene que ser así porque cuando la Fundación decide becar a un mayor, es para toda la vida. No hay vuelta atrás.
Con la crisis se dice que los que actualmente tienen mayor capacidad adquisitiva son los mayores de 65 y que los hijos pasan a depender económicamente de ellos. ¿Han notado en este sentido algún caso de abuso?
Lo cierto es que alguno, pero relativamente pocos. En general, las familias valoran que los padres estén bien atendidos por encima de todo.  
Además trabajamos en red con Ayuntamiento, CARITAS, Gobierno de Aragón… que nos derivan casos de personas que realmente lo necesitan y que van con informes elaborados por profesionales.
¿Qué le ha parecido que en esta edición la banda sonora del Rastrillo sea la canción de Drexler “Todo se transforma”? Tiene algún ejemplo que lo refleje.
Me parece muy acertada para el Rastrillo porque realmente es eso. Las personas nos donan objetos, cosas, con generosidad, porque saben que luego se van a transformar en ayudas a personas que lo están necesitando.  No es que las personas hagan donaciones para luego recibir algo material a cambio, pero es cierto que entre los miles de donantes, habrá algunos que acaben recibiendo respaldo de la Fundación (o de otro servicio social)
Recuerdo el caso de un señor que un buen día, y por la causa que fuera, donó todos los objetos, colecciones y otros bienes  que tenía a la Fundación. Al cabo de los años era una de las personas que nos solicitaba plaza de residencia.
¿Existe algún Rastrillo en España de las características del que ustedes organizan?
No. No hay ninguno. En Madrid hay uno pero muy diferente, porque es una organización que cede los espacios a empresas y comercios,  pero no tiene nada que ver con el nuestro basado en las donaciones y el voluntariado.
Hablando de voluntarios. En el Rastrillo hay más de 800 voluntarios. Bueno, en su mayoría mujeres. ¿Las conoce usted a todas?
Me gustaría mucho,  pero creo que es imposible. Eso sí, conozco a las más involucradas en cada stand. Sin embargo estoy al corriente de los esfuerzos que muchas de ellas hacen por estar aquí. Algunas están en procesos de enfermedades graves, hay quien está viviendo algún proceso de duelo e, incluso alguna pide vacaciones en su trabajo habitual para no faltar a su cita con el Rastrillo.
No tengo ninguna duda de que lo fundamental en esta acción en la generosidad y entrega de las voluntarias. Muchas de ellas  trabajan todo el año en la preparación del Rastrillo.
Fíjate si es importante su entrega que si las horas que destinan al Rastrillo se pagaran al mínimo, en lugar de beneficios, tendríamos pérdidas. Por eso el valor añadido del Rastrillo es la entrega y la generosidad.
Tampoco debemos olvidar que el Rastrillo no existiría si no fuese por  la donación de particulares, empresas y comercios. En este sentido quiero destacar que el número de empresas colaboradoras es cada vez mayor. Tal vez debido al auge reciente de la Responsabilidad Social Corporativa.
Para los que tenemos la suerte de conocer la Fundación desde distintos frentes, hay algo que llama la atención. Se trata de una entidad con un patronato, en apariencia, tradicional pero que, sin embargo, esto no la limita a la hora de ejecutar las acciones. Prueba de ello es que nos encontramos, gestionados por la misma organización, dos eventos tan distintos como el Rastrillo Aragón y la Carrera del Gancho.
La función del patronato no es la de la gestión diaria, sino la de velar por el futuro, marcar las líneas de acción y ejercer una función de control interno.  En el patronato actual hay una mezcla de patronos que por nuestra trayectoria en contacto con la realidad, tenemos una visión muy actual de las cosas. Yo mismo, creo que no estoy anclado en una mentalidad cerrada. Incluso, en ocasiones, somos los patronos, y no la directiva,  los que impulsamos alguna iniciativa.
Hay patronos con trayectorias diferentes pero muchos, por sus trabajos, han estado en contacto con la realidad y eso equilibra la prudencia  a asumir nuevos proyectos que tienen los que pertenecen al sector más conservador.
En cuanto a acciones tan opuestas como dices, todo tiene su explicación. La Carrera del Gancho nace a iniciativa de Cadeneta que, en sus orígenes era un centro gestionado por la parroquia de San Pablo, La Fundación  y alguna otra asociación. En un determinado momento, sus problemas internos hicieron que corriera el riesgo de desaparecer. Es entonces cuando ofrecieron a la Fundación asumir el proyecto como propio para que los beneficiarios, en este caso niños y niñas en situaciones difíciles, no se quedaran sin el servicio.
Con esto quiero decir que nos han venido actividades  sin que las buscáramos. Cuando esto sucede nos preguntamos ¿podemos aportar algo que lo mejore? ¿Es viable?, en ese caso adelante.
Lo cierto es que nos cuesta mucho decir que no. Si a eso añadimos que nuestro equipo directivo, cuando cree en algo, lo presenta tan atractivo y tan bien, que resulta muy tentador.
En la Fundación son 600 personas trabajando y está demostrado que son grandes profesionales que, además, creen y viven intensamente su trabajo. ¿Cómo se consigue?
Es cierto que contamos con excelentes profesionales. Yo estoy seguro de que la base de esa entrega y eficacia está en el equipo directivo. Muchos de ellos empezaron en esta casa como voluntarios y después, por su trayectoria, conocimientos y entrega, pasaron a ocupar puestos de responsabilidad. Es cierto que las personas que han vivido esa trayectoria trabajan en otra dimensión y lo trasladan a su equipo.
No debe ser fácil gestionar una entidad como la Fundación Federico Ozanam
La Fundación tiene que funcionar profesionalizada como una empresa, para dar las mejores prestaciones, pero con otra finalidad que, en este caso es la de prestar un servicio social. El 40 % del presupuesto es para Acción Social y en la Fundación tan sólo destinamos un 5% a gastos de estructura. Así se consigue rentabilizar al máximo todos los recursos. Este es un principio de la entidad.
Y usted, Enrique, jubilado, buena salud y todo lo necesario para poder hacer lo que le plazca, ¿por qué Ozanam?
Por muchas razones. Yo aporto mi tiempo y mis conocimientos y, a cambio, lo que recibo es tantísimo… Me siento útil, me obliga a reciclarme en muchos aspectos y, por supuesto, refuerza mis creencias e ideales. Recibo tantas cosas de la Fundación que, para mí, es una bendición.


No hay comentarios:

Publicar un comentario