martes, 10 de julio de 2012

CUIDADOS PARA LOS MAYORES, APOYO PARA LOS CUIDADORES




Los Centros de Día son espacios en los que nuestros mayores pasan unas horas al día y vuelven a casa a dormir.
Al igual que quien va al trabajo, al colegio o a la universidad, las personas mayores usuarias de estos Centros, tienen la ilusión diaria de algo por hacer, de compartir sus pensamientos o preocupaciones con los compañeros y compañeras, de superar ese ejercicio de memoria que se le está resistiendo o de lograr, gracias al ratito de rehabilitación, una mejora importante en esas rodillas que notan el paso de los años.
Entretenimiento, formación, rehabilitación y relaciones sociales son servicios que las personas mayores encuentran en los Centros de Día de Ozanam en los que, con un amplio horario de apertura, desde las 8 de la mañana, hasta las 9 de la noche, cada cual puede diseñar su estancia “a medida” en función a sus necesidades.
La experiencia demuestra que para los hombres y mujeres de los Centros de Día, tener la mente y el cuerpo activado consigue que se evite o retrase el ingreso en residencias.
Además, el hecho de que los mayores estén atendidos hace que las familias puedan dedicar tiempo sin preocuparse, a tareas que, de otra forma, no podrían llevar a cabo, lo que sin duda, proporciona un respiro familiar que redunda en el bienestar común.
El objetivo de la Fundación Federico Ozanam es que las personas mayores estén muy bien cuidados. Por eso, tanto desde los propios Centros, como a través del programa de Apoyo a Cuidadores los profesionales de la Fundación se encargan de dar las pautas y asesoría necesarios para que todos (cuidador y persona atendida) se encuentren perfectamente.
Vanessa trabaja en el programa de Apoyo a Cuidadores, un servicio gratuito para todo aquel cuidador que tenga a su cargo un familiar dependiente, utilice o no un recurso de la entidad. En esta actividad, nuestra protagonista no trabaja directamente con el usuario, aunque conoce perfectamente el tema ya que ha desarrollado su labor profesional durante 12 años en atención directa en varias residencias de mayores.
Hola Vanessa. Lo primero que nos interesa es saber cuáles fueron tus motivaciones para decidir dedicarte a la atención a los mayores.
Hola, buenos días. Es una buena pregunta, que me lleva a un entrañable recuerdo. Yo he tenido siempre una magnífica relación desde muy pequeñita con dos de mis abuelos. La primera de ellas, mi abuela materna,  Brígida  la cual tengo la suerte que todavía conservo. Vive sola, de forma autónoma a sus 93 años de edad y con una capacidad cognitiva envidiable. Una mujer fuerte, sensible, con una capacidad resolutiva que no encuentro muchas veces en personas de menor edad, una mujer con la que he aprendido y aprendo constantemente. Y por otra parte, mi abuelo paterno, que falleció hace más de diez años, y fue quien me enseñó el sentido de la empatía, el ayudar a los más necesitados, el hacer algo útil para los demás. Me trasladó a un mundo desconocido para mí, el de su juventud, y sus recuerdos. Conocí sus deseos, y sus miedos. Sus anhelos y desilusiones.  A través de ellos, percibí necesidades en la vejez, crecí personalmente, me enriquecí, y esto  hizo que adorase  la figura del anciano.
Así que cuando estudié la carrera de psicología, decidí especializarme en tercera edad, en parte por mi experiencia personal, y en parte porque me di cuenta de la necesidad que existía a nivel psicológico en la atención de las personas mayores que no se estaba cubriendo.
¿Cuándo empezaste a ocuparte del proyecto de apoyo a cuidadores?
El proyecto de Apoyo a Cuidadores  se inicia con el diseño y los preparativos del programa en agosto del 2011 y se implanta a mediados de Septiembre del mismo año.
¿Nos puedes contar de forma breve en qué consiste este servicio?
Está pensado para los cuidadores de personas dependientes. Para asesorarles, formarles y ofrecerles apoyo emocional para su propio bienestar y el de la persona mayor.
Hacemos charlas sobre el cuidado físico y psicológico de la persona dependiente, grupos de respiro y apoyo emocional para cuidadores que se sientan sobrecargados por el cuidado, enseñamos técnicas para afrontar el estrés, para limitar el cuidado, planificar ocio, para resolver problemáticas del día a día, a cambiar pensamientos negativos por otros más adaptativos, aprender a comunicarse mejor, a pedir ayuda, etc.
También tenemos un servicio de asesoría individual, que valoran mucho los cuidadores, atendido por una psicóloga especializada en vejez, para que el cuidador exprese sus miedos y preocupaciones, pueda aclarar sus dudas, reciba orientación, etc.
¿Cuál es el perfil y las demandas más habituales que te plantean las personas que se encargan de cuidar a una persona dependiente?
El perfil habitual de cuidador es una mujer de 50 a 65 años.
Normalmente las personas que demandan este servicio llevan una sobrecarga emocional,  fruto del denominado “síndrome del cuidador”, no saben cómo gestionar sus sentimientos contradictorios y se sienten culpables ante la internalización de un familiar en un centro.
También es frecuente que les asalten dudas sobre cómo comportarse ante determinadas situaciones habituales sobretodo en patologías de demencia.
Desde el servicio de orientación psicológica ofrecemos pautas de actuación ante comportamientos disruptivos típicos en patologías de demencia como por ejemplo son “ qué hago cuando mi familiar  repite mil veces una cosa, cómo me comporto cuando me esconde los objetos, qué hago cuando tiene un delirio, una alucinación, cuando se está triste o se pone agresivo o agitado? “ o a superar el duelo en las fases terminales etc.
No sabemos si se cumple el tópico pero siempre se piensa que hay más mujeres que hombres asumiendo estás responsabilidades. ¿Es cierto, o crees que esta “tradición” está cambiando?
Como he comentado antes, el perfil habitual de cuidador suele ser una mujer de 50 a 65 años, y con el parentesco de hija. Actualmente, todavía queda marcado ese rol social en esta generación, sobre todo en los ancianos  de  nuestra época, en la que para ellos lo natural es que la hija se haga cargo de los padres.
Sin embargo también hay que destacar que, se observa la figura del hombre  no sólo más involucrado en las tareas del cuidado sino también en temas de autocuidarse,  interesándose en acudir tanto a charlas como grupos de apoyo, para aprender a mejorar la forma de cuidar a su familiar como en aprender a sobrellevarlo a nivel físico y emocional de forma más saludable.
Y como dato significativo, y orientador de un perfil futuro, comentar que cada vez se  ve mayor porcentaje de personas jóvenes de 30 a 40 años, hijas de madres que tuvieron tarde a sus  hijos, que se ven llevadas a ser cuidadoras, además de ser mujeres trabajadoras. En este sentido, cada vez es más complicado compatibilizar los cuidados en casa, porque la sociedad ha cambiado. Afortunadamente existen  recursos especializados para el buen cuidado de una persona dependiente.

Habláis siempre de ayudar al cuidador a que se cuide. Es lógico, si uno está bien, puede hacer que los de su entorno estén mejor pero, ¿cómo se consigue ese objetivo cuando una persona siente la necesidad imperiosa de cuidar a alguien las 24 horas?
Bueno, para ayudar, es importante dejarse ayudar. Ese sería un paso importante.
Sin embargo, a lo largo de mi experiencia laboral, he tenido muchas familias, cuidadoras que en un principio han sido reticentes a los cambios, a la información.  Sin embargo, el psicólogo maneja herramientas que permiten ayudar a estas personas a ser más flexibles con su pensamiento, a valorar la situación en la que se maneja de una manera global y concreta, a dar información de la patología y de lo que ello implica.
En definitiva, con tiempo, información, conocimiento del medio en el que se maneja y técnicas psicológicas el cuidador puede aprender a llevar la situación de cuidado lo mejor posible.
Suponemos que, en algunos casos, se deberá dar el paso al internamiento en un centro de la persona asistida por ser la mejor opción. ¿Resulta difícil convencer al cuidador?
Cada caso es un mundo. Pero es cierto que en perfiles de cuidadores mayores de 65 años, hay un sentimiento de culpa muy arraigado debido al aprendizaje cultural y los roles adquiridos de que “soy hija y he de ser yo quien le cuide”.
También se observa con bastante frecuencia  el malestar psicológico que existe con el “el qué dirán”. Es decir, las cuidadoras llegan a admitir su sobrecarga física y emocional, se muestran angustiadas por no poder con la situación, sin embargo en ocasiones pesa más “ el qué dirán de no que no cuide a mi madre teniendo una hija” que el pedir ayuda.
Es necesario  romper con estos pensamientos  que hacen daño a las personas, que las llevan al límite y que hace que nazcan patologías serias como depresión o ansiedad sólo por la incapacidad de pedir ayuda y sobrellevar el peso pesado  de lo que opinen los demás a la hora de tener que institucionalizar a nuestro familiar siendo en muchas ocasiones la mejor opción para el enfermo.
También es cierto que cuando el cuidador se encuentra en el mercado laboral, y tiene una edad más joven como cuidador, 40-60 años, la reticencia en institucionalizar a su familiar es menor, dado que percibe que no puede cuidar las necesidades de la persona dependiente como es necesario, y esto hace que la decisión de pedir ayuda sea menos costosa.
Aún así, pese a tener claro las necesidades del enfermo, suelen surgir sentimientos contradictorios de tristeza, y de carga emocional que suelen remitir con ayuda de un profesional en poco tiempo.
Para terminar, Vanessa, ¿cómo se puede acceder al programa?
El cuidador puede hacer uso del Programa llamando a las oficinas centrales de TERCERA EDAD de la Fundación Federico Ozanam, en el 976 443366, sito en C/ Ramón y Cajal, nº 24, y pedir cita en el asesoramiento individual con la psicóloga (conmigo).
 En esta entrevista, se le atenderá de forma personal y gratuita, explicándole el Programa y atendiendo sus necesidades.
Muchas gracias, Vanessa, por la información y por el compromiso con el que desarrollas tu trabajo y que se percibe desde el primer momento en tus palabras.




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