lunes, 26 de marzo de 2012

“La vida se ha portado bien conmigo y yo me quiero portar bien con los demás”


Carmen Echevarría lleva nueve meses como voluntaria en la Residencia de mayores Ozanam Santa Isabel. Una gran mujer con experiencia en el trabajo solidario, ya que antes colaboraba con personas alcohólicas y ex alcohólicas en otra entidad.
Dejó todo cuando nació su nieto porque, como buena abuela, se dedicó a cuidarlo hasta que empezó el cole. En ese momento volvió a sentir el gusanillo por, como dice ella, “hacer algo”
Llegamos al centro. Hoy brilla el sol, y gran parte de los residentes están en el andador que hay justo al lado, disfrutando de una agradable mañana. ¡Buenos días! ¡Buenos días!... Todos saludan con una sonrisa que demuestra que están contentos.
Nos reciben Isabel y Diana, responsables de la residencia, unas perfectas anfitrionas que, desde el primer instante, te hacen sentir como en casa. Por cierto, una casa con familia numerosa ya que allí residen 100 personas. Por eso al entrar se respira actividad, unos que van, otros que viene, unos que salen fuera, otros que van a ver la tele, sillas de ruedas, bastones, batas blancas… pero, sobre todo, luz y un ambiente acogedor.
Buscamos a Carmen y la encontramos atareada ayudando a una auxiliar. Nos recibe con una gran sonrisa.
Hola Carmen, ¿Qué tal?

Muy bien. Me encuentro tan bien, que siempre me voy a casa estupendamente.
Te vemos muy ocupada. ¿Siempre es así?
Pues sí, veréis, llego aquí a las once de la mañana, me pongo la bata, y ayudo a dar el agua y la gelatina, a las once y media ya hemos terminado. Después me ocupo de las personas que tienen más dificultades para andar y les hago caminar un ratito. A las doce comienza el primer turno de comedor. Doy de comer, casi siempre, a personas con alzheimer. A la una, cuando comienza el segundo turno, me voy a casa.
Claro, a comer con la familia ¿No?
Sí, tengo marido, dos hijas mayores y un nieto. Pero ellos están contentos con lo que hago, porque ven que estoy muy bien.
Y cuando llegaste ¿Te costó adaptarte?
Isabel, la directora, fue de gran ayuda. Ella se ocupó de que yo me integrara y de que el equipo me acogiera. Tampoco resultó difícil porque las auxiliares son una pasada. Me explican lo que necesito saber y hacen que me sienta una más. Todos formamos una gran familia aquí, hacemos muy buenas migas y compartimos las alegrías.
Parece que te encuentras muy a gusto…
Sí, lo cierto es que, cuando vine, me llevé una grata sorpresa. No esperaba que todo estuviera tan bien organizado. Isabel y Diana, la subdirectora, el equipo de auxiliares, las personas que se ocupan de la limpieza…, todos, realizan estupendamente su trabajo. Y eso que hay mucho. Creo que lo que yo hago contribuye a descargarles un poco y, sobre todo, a que se pueda dedicar más tiempo a cada persona.
Seguro que tienes muy claro lo que te ha llevado a ser voluntaria.
Por supuesto. Es por un interés y una satisfacción personal: la vida se ha portado bien conmigo y yo quiero portarme bien con los demás.
Nos acercamos con Carmen a un grupo de simpáticas señoras que están jugando al guiñote. Lidia, Rosario, Pilar y Pascuala han hecho amistad en la residencia y se sienten muy bien cuidadas.
Hola chicas, se os ve muy sueltas en lo del guiñote ¿estáis todo el día jugando a las cartas?

“Que va, hacemos muchas cosas: bicicleta, test, juegos, ver la tele”. Dice Rosario
“Estamos como en casa y, además se come muy bien” apunta Pilar.
Cuando preguntamos por nuestra amiga Carmen, todas coinciden en que es muy cariñosa.
Gracias, Carmen, y enhorabuena a Isabel y Diana y todo su equipo por el magnífico trabajo que llevan a cabo en la Residencia Santa Isabel de Ozanam.

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